Huir de nuestros pensamientos temerosos sin resolverlos

- 05/29/2016
man-walking-away-on-lonely-road

Por: Diana Jaramillo


Cuando nos sentimos amenazados por un pensamiento que nos atemoriza, y que por lo cual le denominamos “negativo o malo”, lo que tendemos a hacer es querer pensar sólo pensamientos que denominamos “positivos o buenos” creyendo que así no experimentaremos los efectos de nuestro pensamiento inicial.

En este proceso interno de rechazar las ideas “negativas”, huimos de nuestras propias creaciones mentales de temor, pero no las resolvemos. Queremos pensar que estan resueltas pero como a nivel inconsciente sabemos que no lo estan, nos generamos un conflicto interno. Lo que estamos haciendo es usar una gran cantidad de energía en resistirlas para evitar sentir el miedo que creemos nos va a causar verlas.

En pocas palabras intentamos deshacer nuestra idea de miedo escondiéndola bajo una idea “positiva” que también se origina en el miedo.

Tenemos miedo de atender nuestros pensamientos de miedo porque pensamos que si los escuchamos seremos débiles ante ellos, podríamos hacer lo que ellos sugieren o nos llevaríamos a vivir alguna situación incómoda o dolorosa. Tenemos miedo de escuchar las ideas que nos disgustan porque creemos que si las vemos ellas seguirán allí, se agrandarán y no nos dejarán en paz. Tenemos miedo de pensar pensamientos “negativos” porque creemos que atraeremos situaciones negativas por culpa de pensar éste tipo de pensamientos.

Simplemente queremos que este tipo de pensamientos no estén ahí y desaparezcan porque así no tendremos que enfrentarnos con lo que creemos dichas ideas conllevan.

Sin embargo, nos encontramos ante una paradoja, pues en la medida que rechazamos y resistimos un pensamiento que nos infunde temor más persiste y más se amplifica. Al encontrarse en nuestra propia mente no tiene otro lugar a dónde pueda ir. En cambio, en la medida que lo observamos, lo cual no quiere decir hacer lo que el pensamiento sugiere sino ponerse en frente de él sin rechazarlo, podemos contemplarlo sin juicios y le permitimos ser. Al estar presente en él, este pensamiento tiende a transformarse en el amor que genera el aceptar que existe.

Puesto que la energía ni se crea ni se destruye sino que sólo se trasforma, entendemos que no podemos eliminar un pensamiento “negativo”, ni podemos deshacernos de él, pero sí podemos transmutarlo. Si intentamos destruir un pensamiento que no nos gusta, lo máximo que conseguiremos es esconderlo en las profundidades de nuestra mente subconsciente.

Cada pensamiento negado permanece atrapado en nuestra mente. Este encarcelamiento mental nos causa conflicto, dolor y sufrimiento.

Si queremos experimentar paz pero rechazamos las ideas que hemos forjado  que nos impiden experimentar la paz, no conseguiremos ser coherentes en nuestro intento de experimentarla.

Una idea en sí misma no tiene el poder de causarnos miedo. Si nos damos cuenta que el miedo que sentimos es debido a todas las interpretaciones que hemos asociado a dicha idea, veremos que nosostros somos quienes la hemos dotado de significado. Si invertimos este proceso de pensamiento, descubriremos que también podemos dejar de darle ese significado. Sin este significado el miedo desaparece y nuestro sufrimiento tampoco puede existir.

Es maravilloso darse cuenta que cada creencia que albergamos acerca de la vida es un reflejo inconsciente de lo que creemos acerca de nosotros mismos. Por ello cada idea que viene a nuestra mente viene con un propósito específico, no para hacernos sufrir, sino para mostrarnos algo de nosotros mismos que necesitamos ver. Si las rechazamos nos perdemos su enseñanza y seguimos sumidos en la inconciencia.

Cuando nos disponemos a dar la bienvenida a un pensamiento que habíamos mantenido en la oscuridad debido a su negación, éste regresa con el mejor regalo: la luz de nuestra conciencia.

Si nos decidimos a vivir cada instante tal y como es, a estar presentes y ver lo que la vida nos muestra en forma de nuestros pensamientos, podemos elegir dejar de atemorizarnos por nuestras propias ideas y pasar a ser conscientes de que cada idea nos pertenece y de que así mismo la podemos liberar. En ésta valiente toma de responsabilidad en la que asumimos lo que nos pertenece, podemos dejar nuestro conflicto interno y finalmente conocernos.

Si dejamos el rechazo interno y nos permitimos fluir, esa libertad nos permitirá experimentar la unidad con nuestro Ser.

En el instante en el que incluimos todo lo que la vida nos ofrece experimentamos el amor incondicional que reside en nosotros. Es en ese espacio interior donde estamos a salvo para sentir las emociones que envolvían aquellos pensamientos atrapados y poderlas liberar. Es sólo desde allí donde podemos transformar toda interpretación incorrecta y abrirnos a la luz de nuestro Ser para que nos muestre la verdad.


Hoy te invito a dejar de resistir tu pensamiento y a permitirte estar presente en él.

Te invito a decidir ver y escuchar lo que tu Ser te quiere mostrar. Te invito a asumir con amor lo que te pertenece y verás como ese amor que eres, te enseñará de forma natural que puedes abrazar todo aquello que temes en la calidez de tu corazón.

El amor incondicional lo incluye todo.

En el amor de tu Ser todo se transforma aquí y ahora.

 

“Las aparienicas engañan, pero pueden cambiar. La realidad, en cambio, es inmutable.  

No engaña en absoluto, y si tu no puedes ver más allá de las apariencias, 

te estás dejando engañar.

- Un Curso de Milagros –